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¿Realismo soviético?

octubre 23, 2011

El 2011 fue declarado el Año de Rusia en España, y por ello se han celebrado interesantes intercambios culturales entre ambos países, quizás el más esperado, la próxima llegada de grandes obras maestras del Hermitage al Museo del Prado en noviembre. Pero también acaban de inaugurarse dos nuevas exposiciones muy interesantes; la primera, en La Casa Encendida, La Caballería Roja. Creación y poder en la Rusia soviética de 1917 a 1945; la segunda, Aleksandr Deineka (1899-1969). Una vanguardia para el proletariado en la Fundación Juan March. Ambas exposiciones suponen una excelente contextualización del arte del siglo XX en Rusia más allá de las famosas vanguardias.

Los trabajadores textiles, 1927.

Pero es de la exposición de Deineka de la que voy a hablar en esta ocasión, la cual ha supuesto todo un descubrimiento personal, ya que no había oído hablar antes de este artista, que aunque prácticamente desconocido en occidente, fue uno de los pintores más reputados de la Rusia soviética.

La cuenca del Don, 1947.

Sus obras responden a la estética estalinista del realismo socialista, siempre asociado al poder como medio de propaganda, y de ahí ese inmerecido rechazo por parte de la Historia del Arte. Pero Deineka va más allá de los ideales soviéticos al servicio del Partido Comunista, más bien, sus trabajos dejan reflejar los verdaderos ideales del propio artista, comprometido con la Revolución desde sus inicios. Y hago hincapié en la palabra ideal porque si algo caracteriza a sus pinturas es su alto grado de idealización, tan descarado, que hace cuestionarnos hasta dónde llega el realismo en estas obras, y hasta dónde nos desvela la falsedad de la supuesta vida feliz comunista. A lo que hay que sumar la contundencia estética de sus pinturas, donde se mezclan los principios constructivos de la vanguardia con un realismo mítico, donde hombres y mujeres, tratados por igual, ocupan sus composiciones, tanto física como temáticamente, en una especie de Arcadia que viene a hablarnos de una auténtica ficción mitológica.

¡Sé deportista! y Electricista, ambas de 1930.

Pero si la contundencia de su pintura no nos deja impasibles, mi sincera y enérgica recomendación de la exposición reside más en la faceta de Deineka como ilustrador y diseñador gráfico. Sus trabajos en este campo, junto con el de otros autores de la época, son un auténtico lujo y una fuente inagotable de inspiración y admiración. Libros delicados, portadas eficientes y carteles que me atrevo a calificar de excelentes rematan esta completísima muestra.

Convertiremos Moscú en el modelo socialista de ciudad del Estado del proletariado, 1931.

De manera, que no puedo hacer otra cosa que volver a invitar al lector a acercarse a descubrir a este artista hasta ahora silenciado e ignorado, y conocer un poco mejor lo que fue trabajar para el férreo régimen soviético, tan lleno de contradicciones como lo fueron sus crueles utopías.

Aleksandr Deineka (1899-1969). Una vanguardia para el proletariado.

Hasta el 15 de enero de 2012.

Fundación Juan March

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