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Eterno y místico Balenciaga

septiembre 14, 2010

Se cuela por la puerta de atrás del Museo de Bellas Artes de Bilbao la exposición Balenciaga. El diseño del límite, y desperdigado por los pasillos y zonas de paso, el conjunto de obras del artista de Getaria (Guipúzcoa) brilla porque es por sí mismo magistral, ya que si las piezas denotaran algún fallo, alguna brecha por la que entrever una mínima debilidad, el desdeñable montaje las arruinaría por completo. Quizás por ello deba alegrarme haber comprobado que a pesar de los neones mareantes, las cápsulas “quitavisibilidad”, los molestísimos reflejos, el infantiloide intento de sorprender con un montaje tecno o el cero diálogo con la maravillosa colección que guarda el museo, los diseños de Balenciaga son capaces de superar todas estas adversidades y deslumbrar al espectador.

Montaje de la exposición

En realidad, un estudio serio sobre Balenciaga es mucho más complicado que decidir qué pieza “pega” mejor con otra, porque el verdadero reto es acercarse a un artista cuyos materiales de trabajo fueron los tejidos, que consiguió una fama mayor de lo que podemos imaginar, gracias en parte a su compleja personalidad, y sobre todo, porque su éxito creció en un mundo de gran controversia por ser tildado de “femenino”.

Montaje de la exposición

Como creador, él no fue un diseñador al uso apoyado en el dibujo de maniquíes estilizadas. Cristóbal Balenciaga trazaba sus patrones y cosía y descosía las prendas. Su acercamiento a la costura era desde la posición de pensador y de artesano, de ahí que no podía reprochársele su trato exigente, a veces confundido con hosquedad, puesto que él conocía de primera mano cada una de las etapas del proceso, y en consecuencia, podía demandar en cada una de ellas la perfección.

En cuanto a la materia prima, la tela, y su resultado, a la vez obra de arte y producto, ponen a Balenciaga en el punto de mira. No aparece su figura en los manuales de arte al uso por pertenecer a la moda, justificación tan baladí y elitista que igualan estas acusaciones a las supuestas faltas que dicho mercado comete. A lo que he de añadir, que las obras de arte en general son tan producto como cualquier otro objeto, que a estas alturas lo de la exclusividad y la reproducción es un debate demodé, y que, puestos a ser quisquillosos, deberíamos reflexionar si no es por modas por lo que nos movemos en todos los aspectos de nuestra vida.

Vestido de cóctel en tafetán, 1958 y vestido de cóctel con sobrefalda en otomán estampado, 1957.

Quizás sea también un obstáculo el hecho de que Balenciaga fuera cómplice de la tradición patriarcal, en la que un trabajo feminizado apenas tiene reconocimiento, de no ser que lo haga un hombre, como es el caso. Se dice que los trapos y la costura son cosas de chicas, ¡qué estupidez! La historia de la tejeduría demuestra que la importancia de este arte ha sido esclava de los discursos machistas, siendo reconocido cuando lo practicaban hombres, y despreciado cuando eran las mujeres las que trabajaban en ello. Y en este discurso creado e impuesto, se inserta desde finales del siglo XIX una nueva línea argumental en la que los diseñadores adquieren gran relevancia, llegando a su culmen en los años cuarenta y cincuenta del pasado siglo, y con Balenciaga como rey indiscutible de esta nueva manera de hacer moda y a la vez arte.

Conjunto de noche. Vestido túnica y capa corta en crepé amarillo con aplicaciones de plumas. 1967

Precisamente él, quien utilizaba el cuerpo femenino como una percha, dando la espalda a sus curvas, rompiendo sus formas, y creando unos modelos a modo de caparazón o armadura que jamás competían con quienes los llevaban puestos porque esta lucha la ganaban siempre sus diseños. Sus creaciones eran reconocibles y su estilo inimitable, pero además, Balenciaga no exponía su ego  en entrevistas, ni en reportajes, ni en extravagancias, jamás dio más que hablar que por su obra, de ahí que se ganara gran respeto en todos los ámbitos. Sus influencias fueron muchas, desde la propia naturaleza, los cuadros del Barroco español y de Goya, los diseños de su admirada diseñadora Madeleine Vionnet, y por supuesto, el arte, el gusto y la moda oriental. Por su parte, él ha sido fuente de inspiración para todos los que vinieron detrás por su modo de entender la costura como una construcción, quizás por ello se le ha tildado de “arquitecto de la moda” cuando no es necesaria tal comparación, de hecho, sus trabajos tienen más en común con la escultura y con el arte del origami  japonés, y si es cierto que existen principios constructivos comunes, también lo es que la historia de la indumentaria es anterior a la de la arquitectura.

Traje de novia y tocado en gazar blanco, 1968.

Esta exposición muestra obras maestras del diseñador, desde sus espectaculares vestidos de noche, a los prácticos abrigos y sus deliciosos vestidos cóctel. El recorrido termina con un vestido de novia de una modernidad sublime por el corte de los paños, por su volumen y por sus pliegues, que curiosamente nos remiten directamente a Zurbarán, y es que algo de místico y de ritual tiene un vestido realizado con una carga simbólica abrumadora ya incomprensible, casi igual que la de la alta costura. Por eso él se retiró, ya no formaba parte de la nueva época que los acontecimientos de Mayo del 68 supusieron. El anacronismo de esta novia, moderna en sus formas y antiquísima en su fondo, ejemplifica perfectamente lo que fue Cristóbal Balenciaga.

Balenciaga. El diseño del límite

Hasta el 26 de septiembre de 2010

Museo de Bellas Artes de Bilbao

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3 comentarios leave one →
  1. septiembre 21, 2010 8:53 pm

    Celia me ha encantado!!! Siempre aprendo de ti… Para mi, estar tan cerca de Balenciaga ha sido como un sueño. Todo me gustó pero “La novia” me impactó especialmente por cómo un ser humano es capaz de crear volumen sin artificios y de esa manera tan aparentemente simple… Me sobrecoje, y más en los tiempos que corren que nadie es anónimo, la discreción con la que llevaba su vida. Imagina haber vivido en su época, haber acudido a sus ateliers… como tu dices: eterno y místico Balenciaga. Él ha roto la linea del tiempo y nunca pasará de “moda”. Viva el arte y viva la moda!!

    • septiembre 22, 2010 8:26 am

      Bueno, ya sabes (y creo que queda claro en mi crítica) que a mi también me encantó, y sobre todo me gustó mucho poder visitar la exposición contigo… De ti siempre aprendo porque en la moda me llevas la delantera! Pero también creo que Balenciaga se merece una exposición más trabajada, bueno, este ha sido un primer paso, ¿no?

      • septiembre 22, 2010 9:20 am

        Yo no te llevo la delantera, solo soy más friki, pero no sé más. A mi me encantó ir con una experta en moda y arte como vos! Y sí, el montaje no le hizo justicia, esperemos que hagan otra… y en Madrid!!

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