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La doble lectura

septiembre 6, 2010

Después de darle muchas vueltas, aún no entiendo qué finalidad tiene la última exposición del Museo del Prado. El título ya de por sí es ambiguo, pero para calificar a la exposición en sí misma, el término ambigüedad es puro eufemismo. Me estoy refiriendo a la muestra Turner y los maestros, que ya estuvo expuesta en Londres y París, y cuya organización estuvo en manos de la Tate Britain, cosa que me pasma aún más si cabe.

Cuántas veces habré oído eso de que compararse puede ser contraproducente… pues por fin lo he constatado con mis propios ojos, de sala en sala cada vez más desorbitados los pobres, y que finalmente no se salieron de sus cuencas gracias a la última parte en la que me pude reconciliar con el Turner al que tenía idealizado.

1. Puerto con el embarque de santa Úrsula, Claudio de Lorena, 1641. 2. El declive del imperio cartaginés, William Turner, 1817

Supongo que este es el resultado de hacer este tipo de exposiciones, en los que la ingenua idea de la contextualización y la búsqueda de fuentes pasa completamente desapercibida porque lo que le gusta al público (entre los que me incluyo la primera) es dedicarnos a comparar y emitir juicios sin poder frenar a la descocada y, no pocas veces, maliciosa lengua. Y es que lo que más se oía entre las conversaciones a las que llegaba mi agudísimo radar eran sentencias en las que el pobre Turner salía casi siempre mal parado… , entiéndanme, siempre en comparación con el maestro que tenía al lado, no como pintor en su término general.

Y perdónenme por la capciosa pregunta, pero, ¿qué esperan sus ilustrísimas (comisarios) que ocurra colocando a la Muchacha en la ventana de Rembrandt junto a Jessica? Y no sólo con el título está todo dicho…  Nombro este ejemplo entre muchos, porque el pormenorizado trabajo y lo extensa que es la exposición es otra de las crueles bromas gastadas, ya que una acaba dudando si tanta insistencia comparativa tiene la finalidad  de ensalzamiento o de desprestigio de nuestro querido Turner.

1. Muchacha en la ventana, Rembrandt, 1645. 2. Jessica, William Turner, 1830.

Será que a Turner se nos ha presentado siempre como un pionero, como un adelantado que se anticipó a los impresionistas franceses, y al conocer sus etapas anteriores lo que se descubre es a un pintor con buena técnica, pero demasiado empeñado en imitar a los que él consideraba los mejores con el propósito, un tanto altivo, de superarlos. Sinceramente, y sin menospreciar el saber hacer de Turner y mucho menos sin hurgar en la llaga de sus pocas cualidades como pintor de figuras humanas o de su insistencia en unos ocres que, en vez de agradar con su dulzura, acaban empalagando, el gran Turner, ese al que los ingleses están empeñados en nombrar como el mejor de sus pintores, (discúlpeles señor Constable) queda diluido entre tanta gran obra (sin ser “obras maestras”) de los que le acompañan en tan atrevida muestra.

Me hace gracia, ahora más que nunca, porque precisamente la semana pasada fue noticia la enésima acusación de ciertos artistas ingleses a Damien Hirst por sus múltiples plagios, cuando son esos mismos hombres quienes adoran a un pintor que entendió su carrera como una copia, incluso emulando a los artistas de su tiempo, y a lo que hay que añadir, no sé si con flema o guasa inglesa, que el propio Hirst fue galardonado en su día con el premio Turner. El humor inglés puede ser exasperante (de lo que te hace reír, quiero decir).

Tormenta de nieve, un vapor al entrar en el puerto, William Turner, 1842.

En fin, que sin dejar de adorar la lucidez de los últimos años de la obra de nuestro pintor, con ejemplos maravillosos que han viajado hasta Madrid, y sin tener aún claro el propósito de la exposición y mucho menos la sorna con la que puede ser leído lo de Turner y LOS MAESTROS, no puedo dejar de animar a todos a que vayan y lo comprueben con sus propios ojos porque, en cualquier caso, la obra del inglés y de sus maestros es digna de ser vista. Y, por favor, si alguien puede sacarme de todas estas dudas, que lo haga.

Turner y los maestros

Hasta el 19 de septiembre

Museo del Prado

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2 comentarios leave one →
  1. septiembre 23, 2010 10:12 am

    Efectivamente Celia.. básicamente (aunque con diferente lenguaje y propósito), hemos coincidido en la crítica a lo que la exposición nos pretende descubrir.. ¿o no? Gracias por haber tenido la amabilidad y la paciencia de haber entrado en mi blog y de haber leído este comentario crítico. Me alegra mucho haber podido descubrir así tu blog, al que me apunto desee hoy mismo.

    • septiembre 23, 2010 10:28 am

      Muchas gracias a ti también por haberte tomado la molestia de leer el mío. He descubierto tu blog gracias a una amiga y desde luego iré leyéndolo!
      Sinceramente, cuando fui a la exposición me quedé descolocada, creía conocer un poco a Turner, y descubrí que sólo sabía del último Turner (al primero parecen mantenerlo oculto en las clases de arte), de manera que no podía creer que alguien tan sumamente moderno en la última etapa de su vida, no se hubiera descubierto a sí mismo antes.
      Todos los detalles que das en tu post me parecen acertadísimos.
      Un saludo!

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