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Alegorías perfectas

diciembre 18, 2009

Nada tienen que ver sus imágenes en las revistas, ni siquiera en el catálogo de la exposición, con sus dibujos. Por esto, y por lo que supone que un museo nacional haga un hueco al arte de la ilustración en sus salas, la muestra de Arturo Elena en el Museo del Traje es una iniciativa más que acertada. Se habría coronado el pastel con la guinda, si además, hubiera sido montada con más estilo y cuidado. Pero como el estilo lo pone Elena, la intensidad de la experiencia no la aminora la atmósfera grisácea de los pasillos traseros de la Institución.

Lo que sí es un problema es que haya tantas obras y tan seguidas, porque el recorrido se convierte en un auténtico esfuerzo por retener las ansias de ver más y más. Cada dibujo sorprende respecto al anterior, y esto empuja a pasar al siguiente, cuando lo que merece esta exposición es tiempo para disfrutar de los miles de matices imposibles de apreciar en las reproducciones.

El manierismo de los interminables cuellos recuerdan a Parmigianino. La riqueza de las telas y la sensualidad de las deformaciones anatómicas traen a la mente de forma irremediable al maestro Ingres. El detallismo propio del arte del repujado y la joyería que siempre asociamos a la exquisitez de Gustave Moreau también está presente, y estas son sólo algunas de las influencias que se aprecian, pero además, el virtuosismo en una técnica tan poco extendida por su dificultad como es el rotulador y las tintas, impresiona mucho más, porque los fallos y los retoques enriquecen cada obra frente a la lamida perfección que ofrece el Photoshop.

Los trabajos de Arturo Elena están íntimamente unidos a lo femenino, pero son tan irreales, tan falsas las proporciones y las contorsiones de las figuras, que la estilización extrema habla de seres imaginarios y bellísimos que chocan directamente con el realismo de sus texturas, creando un diálogo muy interesante y en el que se desvanece cualquier rasgo de superficialidad, ya que cada alegoría ha sido concebida con tiempo y dedicación, dejando parte de sí mismo en ellas. Esto es algo que sólo el arte miniaturista proporciona, porque cada detalle es único y precioso, y necesita de la mayor concentración posible por parte de su autor.

Su trayectoria ha sido constante a lo largo de los años, quizás lo más evidente, es su cada vez más perfeccionada técnica. Y en sus creaciones más recientes se deja ver cierta necesidad de complicar las cosas de forma un tanto gratuita, sin aportar más que una actitud un tanto vacilona frente al anonadado espectador. Mientras, perduran sus colores, formas y temas artificiosos en espacios inexistentes, que dejan el trabajo de Arturo Elena como un arte técnicamente perfecto pero al servicio de la fantasía.

Página web de Arturo Elena

Exposición: Arturo Elena. 25 años de ilustración.

Museo del Traje

Hasta el 10 de enero

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