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¿La bella durmiente o Burne-Jones y otros prerrafaelitas?

mayo 4, 2009
Hasta el 31 de Mayo el Museo del Prado acoge una pequeña exposición dedicada a los Prerrafaelitas con el tema del sueño como hilo conductor. La exposición ha sido posible gracias a la colaboración del Museo Ponce de Puerto Rico, de donde provienen el total de las obras y que actualmente se encuentra en reformas, una excusa perfecta para prestar sus cuadros a nuestro país, tan rico en patrimonio, y sin embargo, poco prolífico en arte victoriano específicamente. Esto supone una importante oportunidad para conocer obras de autores como John Everett Millais, Thomas Seddon, Dante Gabriel Rossetti, William Holman Hunt, Frederic Leighton, y sobre todo, Edward Coley Burne Jones, abanderado de esta exposición, tanto por el número de obras como por la calidad y excepcionalidad de éstas.

El tema del sueño, ese mundo entre la vida y la muerte imposible de controlar, fue muy recurrente entre los artistas del siglo XIX por estar íntimamente unido a lo sublime, idea la que aspiraban los románticos, ya que la búsqueda de la belleza no era el último fin de estos artistas, ellos deseaban centrarse en lo grandioso y lo extraordinario. Por esta razón los románticos centran su atención en la Naturaleza como un ente incontrolable, lleno de misterios y de una fuerza insuperable. Los Prerrafaelitas en particular aman la naturaleza pero desde su simplicidad y su originalidad porque en ella buscan la ingenuidad perdida por el hombre y por los artistas a partir de Rafael di Sanzio. Su admiración se centra, por tanto, en artistas anteriores como Fra Angelico, Boticell o los primitivos flamencos. Todos ellos ejercen una influencia fácilmente identificable en las obras de los ingleses, sobre todo en el detallismo y la linealidad de las figuras.

Detalle de El sueño del rey Arturo en Avalón. Edward Coley Burne-Jones.


 

Son pues, el Sueño y la Naturaleza los dos temas principales entorno a los que gira esta exposición, la cual la podemos dividir en dos partes bien diferenciadas, una, las obras de Burne Jones, la otra, todo lo demás. De hecho, salvo, Sol ardiente de junio de Frederic Leighton, sólo las obras de sir Edward Coley tratan realmente del sueño y las leyendas creadas entorno a éste.

 

El sueño del rey Arturo en Avalón es la auténtica protagonista de la exposición. Esta pintura se basa en la leyenda según la cual el Rey Arturo, tras su muerte en la batalla de Camlann fue llevado por su hermana Morgana a la isla de Avalón donde permanecería en una especie de hibernación hasta que pudiera regresar como Rey de Inglaterra. Mientras el rey reposa, su cuerpo es velado y protegido por reinas y hadas. Avalón es una isla imaginaria que representa el paraíso y le hibernación de Arturo significa el final de una época mitológica y el comienzo de la decadencia. La temática medieval, su significado y la ejecución de la obra, tanto técnica como circunstancialmente (Burne Jones estuvo trabajando en ella durante veinte años hasta el mismo día de su muerte dejándola inconclusa) vienen a convertir a este cuadro en la obra cumbre del autor. A pesar de hablarnos del final de la felicidad y de la muerte, en realidad Burne Jones hace de su última obra un canto de esperanza: Arturo no ha muerto, sólo duerme y este mensaje nos lo representa visualmente y sin necesidad de tener que conocer la historia mitológica, sino a través de la amapola blanca o flor de opio que está a la cabecera del rey. Es esta flor la que nos está diciendo que Arturo no ha muerto, sólo duerme.


El sueño del rey Arturo en Avalón. Edward Coley Burne-Jones.


El cuadro viene acompañado de una serie de bocetos y estudios a carboncillo, de modo que podemos comprender la importancia que dio a la obra, a cada figura y a la composición del conjunto, además de poder disfrutar de la frescura de las primeras ideas del artista.

Boceto para El sueño del rey Arturo en Avalón. Edward Coley Burne-Jones.


La serie de Burne Jones acaba con tres cuadros dedicados a la Bellla Durmiente, donde se recrea en los cuerpos de hombres y mujeres sumidos en profundos sueños mágicos y siempre rodeados de rosas. Hermosas imágenes de donde casi emana el perfume de esas flores bellas y crueles. La elección de las rosas no es gratuita sino que las tres obras están basadas en el poema La rosa silvestre de Alfred Tennyson.

La Bella Durmiente. Edward Coley Burne-Jones.


A parte de las obras de Burne Jones, la exposición cuenta con otras obras en las que se repasa la temática prerrafaelita: amor a la naturaleza, medievalismo, muerte, femme fatale y espiritualidad. Con pocas obras pero muy bien escogidas comprobamos en esta exposición como esos temas y ese modo de ejecución de las obras no son todo lo pre-Rafael que pretendían sus autores porque en cada cuadro la influencia de Miguel Ángel está muy patente en el peso y volumen de las figuras. El mejor ejemplo, Sol Ardiente de Junio de Frederic Leighton cuya figura descansa cual sibila sixtina bajo una luz veraniega en la que también es aquí una flor, la adelfa, planta venenosa, la que puede revelarnos que no se trata de un simple sueño, sino de una muerte.


Sol Ardiente de Junio. Frederic Leighton.

Sueño o muerte, esta muestra merece la pena una visita al Prado, no os llevará mucho tiempo y si mucha satisfacción. Reconoceremos la belleza y espiritualidad de las obras, pero también comprobaremos cómo ningún grupo o movimiento es homogéneo, sino que cada artista es autónomo a pesar de pertenecer ni más ni menos que a una hermandad.

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